Sentado al piano, los últimos diez años de vida de Rossini estuvieron dedicados a componer sus Péches de vieillesse (Pecadillos de vejez), trece volúmenes que anticipan el exotismo y la ironía de Satie y condensan toda la gracia e ingenio del de Pésaro. Estos Péches son un agudo retrato de la sociedad parisina del momento, tan superflua o amaneradamente profunda. Alessandro Marangoni los toca con la mirada puesta en todas sus esquinas, desde los salones de París, las reuniones con Stendhal, Liszt y Chopin a la influencia beethoveniana. El Vol. 6, que está dentro del segundo disco, del que se ha omitido el Etude asthmatique (por duración, se incluirá en otro volumen), contiene Péches tan bellos como el lánguido Mon Prélude hygiénique du matin (qué maravillosa melodía cromática), el salonístico Prélude baroque (los ecos de los Valses de Chopin son evidentes) o el beethoveniano y solemne Memento homo, con modulaciones tonales que recuerdan a las últimas Sonatas. En Marangoni, que demuestra una delicadeza exquisita, su toque y ataque a la nota se endurece intencionadamente en obras tan irónicas como Un Petit train de plaisir, aunque escuchándole en la deliciosa Une caresse à ma femme se descubre a un pianista de una entidad tremenda, capaz de frasear y cantar del mismo modo como si una mano estuviera deslizándose sobre una suave piel femenina. En esta parada rossiniana Marangoni no para de descubrirnos nuevas cosas, nuevos enlaces, nuevos giros en esta música tan brillante e inesperada de alguien como Rossini. En el Valse lugubre (Vol. V, disco tercero) los delicados contrastes están muy bien tocados, como la dejadez que se transmite en el Impromptu anodin, perfectamente captado por el pianista italiano. La atmósfera francesa es evidente en obras como el Prélude convulsif, de una escritura acentuada “alla Beethoven”. La capacidad musical de Marangoni se agiganta en obras como la barcarola La Lagune de Venise, con aire de improvisación idóneo para esta música.
Antes de Rossini está la figura de Clementi, “más seria” y con una intención pianística mayor, aunque la obra de Rossini, como nos cuenta Marangoni en la entrevista, está muy bien escrita para el piano. Inmerso en el Gradus ad Parnassum, Marangoni lo toca con una clara intención poco virtuosa, destacando voce